Colegio Walt Whitman

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La Digitalización en la Educación.

Rocio Martorell Dianderas

   Todos estamos de acuerdo, que la pandemia nos cambió la vida en todo sentido, comenzando por la rutina familiar, nuestras costumbres más personales, inclusive nuestros afectos y amistades, terminando con la revolución que ha significado el cambio en el aspecto laboral que hemos pasado los profesionales en general y los profesores en particular.

   Me explico, el cambio obligado al trabajo remoto, ha afectado a todos aquellos que estaban acostumbrados a desplazarse diariamente a su centro de trabajo, compartir con los colegas, jefes y trabajar en su computadora o laptop, esto más o menos en términos generales. El día a día de los profesores era totalmente diferente. El trabajo en las máquinas, estaba suscrito a la preparación de clases, elaboración de pruebas, realizar un informe, y en general a todo lo que es el trámite documentario que implica la dinámica de una institución educativa.

   Todo esto cambió de un día a otro. Y fue un cambio brusco, inesperado que no nos dejó otra alternativa que replantear la forma y manera de dirigir a un grupo de niños y jóvenes, totalmente diversos, y es así que pasamos de la vía directa a la vía digital, a realizar la clase a través de una pantalla. Por lógica esto trajo consigo muchos contratiempos, incomodidades, errores y por fin aciertos y resultados positivos para todos los involucrados, a saber: estudiantes, profesores y padres de familia.

   Y es que no ha sido fácil, ni rápido ni cómodo. No se trata de “hacer lo mismo de siempre, pero desde mi casa”, ha sido una revolución total, a la que nos hemos tenido que acostumbrar en primer lugar, nuestros estudiantes, los padres de familia y por último los profesores. Me explico mejor, para los niños y estudiantes, pasada la euforia inicial de “no tengo clases, no voy al colegio”, han tenido que acostumbrarse a interactuar con sus profesores a través de una cámara. Los padres de familia ahora vigilan y están atentos que sus hijos se conecten y no pierdan su clase, y nosotros los profesores, hemos pasado de interactuar con un grupo bullicioso y alegre de jóvenes, que literalmente nos alegraban la vida, a interactuar con ellos por medio de una pantalla. Las clases presenciales, son imprevistas, se intercambian ideas y opiniones, conocimientos, fórmulas, preceptos y conceptos de forma amena, novedosa, didáctica y siempre con la empatía que tenemos los profesores de acuerdo al clima emocional que encontramos en el aula. Las clases digitales son únicas. Enseñamos, aprendemos, dirigimos, evaluamos y calificamos de igual forma, pero la interacción es diferente. Es menos personal, más fría si se quiere, y sobre todo que dependemos al ciento por ciento de factores externos ajenos totalmente a nuestra voluntad: el fluido eléctrico, la señal de internet, la idoneidad del micrófono o la cámara etc.

   Pero salimos airosos del reto y estamos avanzando. El Programa Curricular está cumpliéndose con total normalidad, los estudiantes se conectan a clases cumpliendo su horario de 7 horas diarias, las tareas son realizadas y todo sigue como en los años anteriores. Inclusive las actividades extracurriculares, como las Olimpiadas y los Juegos Florales se han desarrollado en esta nueva modalidad a la que estamos obligados a seguir.

  No nos queda más que felicitarnos todos. A los jóvenes que se han adaptado y siguen nuestras clases, a los padres de familia que nos apoyan y entienden que esto es una secuencia de “errores y aciertos” y a nosotros los profesores que hemos pasado de trabajar con personas a trabajar con seres humanos gracias a una máquina. Dios permita que estos tiempos tan difíciles y atípicos para todos, pasen pronto y nuestro colegio se vuelva a llenar de risas, juegos y aprendizajes directos, para felicidad de todos los que conformamos LA FAMILIA WALTINIANA.

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